UNA MODA QUE DURA 100 AÑOS

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Theresa May. Foto: Getty Images

El Brexit ha puesto a las mujeres en primera línea de la política del Reino Unido. Theresa May se pelea entre Bruselas y  Westminster (aunque menos) para gestionar la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Después de la figura de Margareth Thatcher, las mujeres vuelven a estar a la cabeza de la política británica, y May no está sola. También está Nicola Sturgeon como verdadera opositora a salir de la UE. Pero lo cierto es que el genero femenino ha tenido voz y voto en las islas británicas más allà de estas dos políticas y de la “Dama de Hierro”. Hoy en Globaledinburgh hablamos de mujeres y política.

Vuelven las mujeres. La llegada de Theresa May cogiendo las riendas del Reino Unido después de la renuncia de David Cameron ha puesto el nombre de Margaret Thatcher en boca de todos. De esta forma, la nueva inquilina del 10 de Downing Street, se convertiría en la segunda mujer en ser Primera Ministra. En Gales además, Leanne Wood es la líder del partido independentista, el Plaid Cymru. Y el ejemplo más paradigmático lo tenemos en Escocia, donde Nicola Sturgeon es Primera Ministra y Ruth Davidson y Kesia Dugdale son las líderes del Partido Conservador y del Laborista, respectivamente. Y además, abiertamente homosexuales. En el mundo anglosajón, las mujeres en política están de moda y tendrán que gestionar una de las etapas más difíciles por las que está pasando el Reino Unido, el Brexit.

“Actualmente, y también hace un siglo, las mujeres llegan a la política para arreglar todo lo que los hombres han hecho mal” nos comenta Julie V Gottlieb, profesora de Historia Moderna de la Universidad de Sheffield y experta en historia de las mujeres del Reino Unido. “Las mujeres tenían y tienen, una manera de actuar a nivel de diplomacia y de conciliación de la vida pública y privada diferente a la de los hombres” defiende Gottlieb. Pero el ascenso de las mujeres en la política británica es más vieja de lo que muchos podrían pensar.

Los orígenes del movimiento

Los movimientos sufragistas británicos del siglo XIX desembocaron en el nacimiento del feminismo político, ya empezado el siglo XX, en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Se considera que el nacimiento del feminismo a nivel político nace en 1915, con la International Congress of Women, celebrado en La Haya, Holanda. Este encuentro sería el embrión de diferentes movimientos alrededor de Europa, entre ellos, la Women’s International League for Peace and Freedom.

“Actualmente, y también hace un siglo, las mujeres llegan a la política para arreglar todo lo que los hombres han hecho mal” nos comenta Julie V Gottlieb

A estas alturas, la exigencia de un sufragio universal pasaba a ser el tercer eje vertebrador del feminismo nacido en el siglo XIX, por detrás de reclamaciones a nivel matrimonial y moral, y las demandas a nivel educativo y laboral. A pesar de ser la última de las reclamaciones, (en el Reino Unido el sufragio femenino empieza a exigirse en la década de 1860), las exigencias sufragistas de las mujeres fueron las que tuvieron más presencia mediática, y provocaron centenares de movilizaciones, protestes y detenciones. También es cierto, que va a ser la demanda que va a durar más años en conseguirse. En realidad, la mujer dominaba ciertas áreas del día a día del Reino Unido. La atención a la educación, a la higiene o a las obras de caridad, se consideraban un espacio reservado a las mujeres. Entrar en política nacional, era una intromisión a un espacio que siempre había estado dominado por los hombres, razón por la cual fue negada, una y otra vez.

El primer paso hacía el voto 

No es hasta finales de 1918 que las mujeres pueden decir la suya a nivel político de forma oficial. Fue en Febrero de este año, cuando la Gran Guerra llegaba a su fin, que se aprobó en el Reino Unido, la People Act. Esta ley, supuso la inclusión de casi todos los hombres en el sufragio, pero sobretodo, se considera un primer paso a la inclusión de la mujer en el derecho a voto. A pesar de esto, aseguraba el sufragio femenino de forma incompleta, ya que permitía votar sólo a las mujeres de más de 30 años que pudiesen demostrar que tenían alguna propiedad. Esto reducía mucho el número de mujeres con derecho al voto, pero fue un buen comienzo y un premio al patriotismo y a la colaboración de las mujeres mostrado durante el conflicto bélico que más tarde llamaríamos Primera Guerra Mundial.

Las reacciones no se hicieron esperar. En el Reino Unido buena parte de los ciudadanos estaban indignados. La aprobación de la People Act, para muchos sería una desgracia para el país, ya que según decían, las mujeres sobrepasarían en número a los hombres en las urnas. Otros decía que la reclusión natural de las mujeres afectaría, no sólo a la política nacional sino también la política exterior ya que no tenían visión más allá de sus hogares. De hecho, en 1917, el diputado William Burdett-Coutts declaró que el sufragio universal “no interesaría a nuestro estado des de el punto de vista internacional”. Asegurando que “hasta que la guerra sea necesaria para la seguridad de nuestra nación, las mujeres nunca podrán tener una cierta responsabilidad en la vida política del país”. Se equivocaba.

De las urnas al Parlamento 

Pero una cosa era poder votar y la otra era poder decir la suya en la Cámara de los Comunes. Este esta el siguiente paso que querían dar los movimientos feministas, una vez aprobada la People Act en Febrero. Pocos meses después, en Noviembre de ese mismo año, se aprobaría la Qualification of Women Act, que autorizaba a las mujeres a entrar como diputadas al parlamento británico, siempre que fuesen escogidas por el pueblo, claro. Otro paso importantísimo en la lucha para los derechos políticos de las mujeres del Reino Unido.

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La condesa Markievicz, una mujer de armas tomar

Problema, las primeras elecciones generales después del conflicto bélico se tenían que celebrar un mes mas tarde, en concreto el 14 de Diciembre, muy poco tiempo para montar una buena campaña electoral. De 17 mujeres que se presentaron, sólo una llegó a ser diputada. “A pesar del fracasó, estas elecciones significan todo un momentum en la historia de las mujeres!” destaca Gottlieb. La única escogida fue la Condesa Markievicz, que se presentó por el Sein Feinn irlandés, y por tanto, siguiendo la política de su partido, no se sentó nunca en su sillón en el Parlamento de Westminster. Las otras 16 que se presentaron, a pesar de su actividad sufragista y feminista, no consiguieron su objetivo.

La primera diputada

Cuando finalmente una mujer consiguió entrar en el parlamento y ser diputada, no tenía el típico perfil de sufragista. Era de derechas. Nada vinculada a movimientos sociales. Fue Nancy Astor y, curiosamente, era nacida en Estados Unidos. Se ganó el derecho a ser diputada por Plymouth-Sutton en 1919. Astor, al contrario de lo que podamos pensar, se presentó por el Partido Conservador. Lejos del perfil de luchadora de izquierdas y abierta de mente que tenían las sufragistas, la primera diputada era reaccionaria y llena de prejuicios aunque ellas se auto nombraba feminista de nacimiento. “No tenemos que pensar en Astor como una versión anterior y parecida a Margaret Thatcher” especifica Julie V.Gottlieb. “Tenemos que huir de este estereotipo” remarca la historiadora.

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Nancy Astor, la primera diputada en el Reino Unido

Astor aceptó el rol de ser la voz de todo un género en un lugar, Westminster, hasta el momento reservado a hombres. “No quiero que veáis en mi a una fanática o una lunática. Sólo estoy aquí intentando para ser la voz de centenares de mujeres y niños que no pueden hablar por si mismos” pronunció en su discurso delante de los otros diputados.

Los partidos clásicos tuvieron que reaccionar. Conscientes que no había marcha atrás y que el Reino Unido entraba en una nueva etapa democrática de masas, tuvieron que adaptarse. El voto de las mujeres a partir de ahora podía ser decisivo. Hacía falta ponerse de caras, así que los tres partidos principales potenciaron sus secciones femeninas. En 1919 los Tories crean la Women’s Unionist Association, después conocida como Women’s Conservative Association. Al mismo tiempo, los Laboristas crearon la Women’s Section, aunque ya tenían desde 1906 la Women’s Labour League. Los liberales tenían des de 1886 la Women’s Liberal Federation. Todas estas asociaciones articularon los movimientos feministas de los tres principales partidos en busca de cualquier voto que hiciese decantar la balanza en unas elecciones. El voto de la mujer pasaba a ser algo normal, y a la vez importante, a pesar de las reticencias de muchos.

Por fin de igual a igual

No fue hasta 1928, diez años después de acabar la Primera Guerra Mundial, que la mujer conseguiría finalmente la igualdad con el hombre en materia de sufragio. Fue gracias a la Representation of the People Act, votada por los Conservadores, que daba derecho de voto a todas las mujeres mayores de 21 años.

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Katherine Stewart Murray, duquesa de Atholl

Pero una cosa era el sufragio y la otra era la presencia de mujeres en las esferas de poder. En el período de entre guerras, entre 1918 y 1939, sólo 36 mujeres llegaron a ser diputadas. Ver una mujer en Westminster aún generaba ronroneo en los años 30. Precisamente fue durante esta década, que las mujeres alzaron la voz contra el fascismo que florecía en Europa. La laborista Ellen Wilkinson, la escocesa y conservadora Duquesa de Atholl o la independiente Eleanor Rathbone destacaron, dentro y fuera de la cámara, por solidarizarse con las víctimas del fascismo.

Una moda que dura 100 años

Hasta hubo algún político que se atrevió a decir que la dejadez y la cobardía del Reino Unido con Hitler en los acuerdos de Munich, eran culpa del sufragio universal femenino. Fue Harold Nicolson, laborista y amigo de Churchill, que dijo: “espero que los historiadores hablen de nuestra caída, digan que todo empezó cuando dimos el derecho de votar a las mujeres”. Un visionario. Nicolson, murió en 1968, quedaban 11 años para que Margaret Thatcher se convirtiese en la primera mujer en llegar a ser escogida Primera Ministra, dejando el poder en 1990.

Ahora, 80 años más tarde de las declaraciones de Nicolson, la caída del Reino Unido podría venir de la mano de los hombres. A todo esto en 2017 le llamamos Brexit, y a lo mejor Theresa May, con el permiso de Westminster, ha venido a arreglar todo lo que los hambres han estropeado. Con May negociando el Brexit, Sturgeon siendo su verdadera oposición desde Escocia y al otro lado del canal Angela Merkel, las mujeres están de moda en política, con el permiso de Donald Trump. Una moda que en el Reino Unido hace más de 100 años que empezó.

Jordi Caixàs

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